Bonaventura hunde al Siena


Bonaventura hunde al Siena

28ª JORNADA

SIENA 0-2 ATALANTA

En la Toscana se están acostumbrando a entender cada partido como una final. Finales, más bien, porque ya van varias, en las que hasta el día de hoy la soga apretaba pero no ahogaba. Soga que, el Atalanta, se ha encargado de aferrar al cuello del Siena para dejarlo casi sin respiración y con muy pocas opciones de supervivencia en la larga travesía que recorre ya varias jornadas atrás y que desemboca en un precipicio directo a la Serie B.

Victoria como símbolo de vida, como sistema para seguir luchando. Seis puntos de diferencia entre ambos contendientes marcaban una realidad salvable, el fortín en el que se había transformado el Artemio Franchi y la irregularidad del cuadro de Bérgamo a domicilio invitaban a pensar, por qué no, en un triunfo que aferrara de nuevo a la vida al cuadro de Lachini tras su derrota en Turín la semana anterior. La realidad, se volvió en una escenografía que ya la quisieran para sí las mejores películas de terror y que ni el mismísimo Alfred Hitchcock podría haber representado.

La tarde parecía querer acompañar al Siena con un sol que incitaba a asistir al estadio y apoyar a su equipo, a fociferar, a alentar, a crear un gran ambiente en las gradas del Artemio Franchi que bien pronto Bonaventura se encargaría de enmudecer. Cuatro minutos y una pared con German Denis fueron suficientes para que el italiano se sacara un disparo desde la frontal donde potencia y colocación se convirtieron en elementos insalvables para Pegolo. Lo bueno que tienen este tipo de cosas, o lo menos malo, según se mire, es que queda todo un mundo para poder voltear la situación, y el Siena lo intentó, con más corazón que cabeza, eso sí. El balón pasó a ser totalmente local, el control del partido visitante, esférico no siempre va ligado a control del choque, buena prueba de ello han tenido hoy los pupilos de Lachini.

El Atalanta ha dado una lección táctica sobre el tapete, basculación, ayudas y repliegue perfectos como armas para maniatar a un Siena que se vió obligado muy pronto a llevar el peso del partido merced al gol de Bonaventura, un peso que, hoy por hoy, es incapaz de llevar la escuadra de Lachini. Rosina decidió echarse el equipo a la espalda y acaparó todas las jugadas de su equipo, suyo podría haber sido el gol del empate con el único tiro peligroso del cuadro local en el partido pero Consigli realizaba una gran parada y enviaba a saque de esquina. Omnipresencia total del zurdo que no tardará mucho en emigrar de Siena, visto lo visto. Los visitantes seguían a lo suyo y de no ser por Rubin, que salvó en la línea de gol un remate de cabeza de Denis, bien podrían haber aumentado su ventaja antes del final del primer acto.

La segunda parte comenzaba por los mismos derroteros que la primera, la gente aún estaba acomodándose en sus asientos cuando Denis hacía temblar la portería con un misil que pegaba en la cruceta local. Susto y conmoción local, aviso y superioridad visitante. Los papeles no cambiaban, unos incapaces y nerviosos, cada vez más con el paso de los minutos, otros tranquilos y seguros, más si cabe cuando Bonaventura decidió que el partido podría entrar en una fase de ida y vuelta que ni mucho menos interesaba a su equipo. Corría el ecuador de la segunda mitad en el momento en que Carmona servía desde la derecha un balón que el mediapunta convertía en fantasía. Tres toques, control, orientar y definir. Balón al piso, hacerse hueco, ponerla en la escuadra más alejada y sentenciar.

Desde ese momento los problemas locales se acrecentaron más si cabe, el quiero y no puedo y la incapacidad para hacer sufrir al Atalanta podrían haber ahorrado veinte minutos de juego que rozaron lo insulso, si no llegaron a ese nivel, gracias a un equipo que muy pronto dejó de creer y que tendrá que recuperar sensaciones, esas que le habían permitido golear a la Lazio y vencer al Inter. Las finales, dicen, no se juegan, se ganan, y la que tiene la próxima semana en Sicilia ante el Palermo es de ese tipo. El Atalanta ha puesto pie y medio dentro del territorio que permite volver a disfrutar de la élite del fútbol italiano, Pescara y un estadio entregado parecen el mejor escenario para ratificarlo la siguiente fecha.

Por Adrián Gomez (Vavel)